El 5 de octubre de 1972 y en el marco de las festividades del Día de San Francisco, ocurrió una tragedia que fue nota nacional e internacional, ya que cobró la vida de más de mil peregrinos que acudieron al municipio de Real de Catorce, San Luis Potosí, acontecimiento que a lo largo de los años siguientes ha generado mitos y leyendas tanto a nivel local y nacional, así como historias de hechos paranormales.

La mayoría de los peregrinos que habían asistido a las fiestas que se realizaron en honor a San Francisco de Asís en Real de Catorce, se encontraban cansados, desvelados, hambrientos, con frío y con los pies adoloridos; lo único que deseaban era llegar a Estación Catorce para tomar el tren y regresar a sus hogares. Los peregrinos jamás imaginaron que estaban comprando un boleto a su propia muerte, pese a -según una leyenda- a la advertencia de un anciano quien a gritos pedía que bajaran del tren ya que la mayoría de los peregrinos perecerian en un accidente que estaba por ocurrir.

A las 23:35 hrs del día 4 de octubre de 1972, el tren se descarriló en el llamado “Puente Moreno”, en el estado de Coahuila. Los 16 vagonesdel tren, a reventar por sobrecupo de pasajeros y con más de mil toneladas de peso, empezaron a rodar de bajada hasta que se hizo incontrolable por el maquinista y el conductor, y al llegar al puente Moreno las pesadas unidades cayeron unas sobre otras. Las llamas hicieron presa de los peregrinos, provocando el fallecimiento de más de mil personas. Como siempre sucede en esos casos, tiempo después llegaron los equipos de rescate, a los que se sumaron elementos del Ejército Mexicano asÍ como voluntarios para sacar a los cientos de accidentados que estaban atrapados entre los fierros retorcidos

En cada vagón de pasajeros cabían sentados 80 personas, pero se supo que debido a que hubo reventa de boletos, en ese tren iban viajando 120 peregrinos de todas las edades, por lo que el total de pasajeros que salieron de Real de Catorce fue de aproximadamente mil 920. Sin embargo, las autoridades federales minimizaron esa cantidad, y al concluir las tareas de rescate se informó que alrededor de 250 cuerpos fueron rescatados y embolsados.

Conforme fueron reclamados por sus familiares, se pago una indemnización de 80 mil pesos (de los de antes) por cada persona fallecida. No todos cobraron estas indemnizaciones ya que hubo familias enteras que murieron sin que nadie las reclamara. Muchos de los cuerpos no rescatados quedaron dentro del tren de la muerte y ahí bajo el puente citado, fueran sepultados con todo y vagones. El gobierno federal que presidía Luis Echeverría Álvarez prefirió darles sepultura en el lugar de los hechos.

Según la información técnica, el tren estaba compuesto por 16 vagones de pasajeros con su respectiva maquina, los cuales tenían un peso de 35 mil kilogramos cada uno, más aparte la maquina que pesaba alrededor de 500 toneladas. En total, eran más de mil toneladas que esa noche del 4 de octubre de 1972 venían circulando por las vías del ferrocarril cubriendo la ruta Real de Catorce- Saltillo.

Las autoridades detuvieron como presuntos responsables del accidente ferroviario al maquinista Melchor Sánchez Echevarria, al fogonero Ignacio Carrizales, al conductor Jesús Rocha, que a un vive; los garroteros Juan Juárez Alvarado (aún vivo), Rodolfo Fernández y Vicente Martínez Torres. 

Las causas que originaron este accidente ferroviario fueron el mal estado de los vagones, que incluso ya estaban enlistados como chatarra para ser enviados a la fundición de Altos Hornos de México. También se dijo por voz de los maquinistas, que los dos sistemas de frenado estaban reportados con fallas, las llamadas catarinas del freno manual no servían y el frenado por aire estaba fallado. 

El Presidente de la república, Luís Echeverría Álvarez envió al Procurador general de la republica para que se encargara de manejar el asunto. El funcionario ordenó que golpearan a los conductores del “tren de la muerte” para que se declararan culpables y dijeran que andaban borrachos a la hora del mencionado accidente, pero los detenidos no aceptaron. Los agentes de la PGR presionaron al director del Hospital del Ferrocarril, Luis Morales Benavides, quien valientemente no se presto para firmar unos dictámenes medico que señalaban a los implicados que estaban ebrios. Lo cual hicieron que presentara su renuncia. 

Los lideres del sindicato de la sección 23 del STFRM “Héroe de Nacozari” defendieron a los maquinistas encarcelados y tras nueve años de lucha y gestión pudieron obtener su libertad. 

Agradecemos a Cristina Aguilar Calvario, por el aporte con esta historia. Fotografias cortesía de Pablo Noemí y Jorge Mendoza